El domingo, 24 de marzo realizamos nuestra segunda visita cultural. En esta ocasión fue al Palacio de La Aljafería, declarado Monumento Histórico-Artístico en el año 1931 y uno de los ejemplos más representativos del mudéjar aragonés. Es también uno de los iconos más representativos de Zaragoza, por su importancia y antigüedad.
Durante una hora y media que duró nuestro recorrido, pudimos revivir épocas de la historia de Aragón, tanto de la musulmana, como de la cristiana. Empezamos deteniéndonos a contemplar el edificio más antiguo del conjunto palaciego, que data del siglo IX: la torre del Trovador, llamada así por haber situado allí García Gutiérrez, su drama del mismo nombre, en el que se basó Verdi para componer su ópera Il Trovatore.
A continuación, admiramos la maravilla de la arquitectura islámica del palacio musulmán, residencia de verano del rey de la taifa de Zaragoza: el Patio de los Naranjos con su alberca, el salón del trono y el oratorio. Se dice que La Aljafería es una de las cumbres del arte hispanomusulmán y que sus aportaciones artísticas fueron retomadas con posterioridad en los Reales Alcázares de Sevilla y en la Alhambra de Granada.
Desde allí, nos trasladamos a la planta superior que es donde se sitúa el palacio de los reyes cristianos a raíz de la conquista de Zaragoza por Alfonso I el Batallador en 1118. Pedro IV el Ceremonioso modificó el palacio sustancialmente y construyó en él la iglesia de San Martín, en el patio de entrada, de la que queda solo su portada. En el siglo XV los Reyes Católicos ampliaron el palacio e hicieron construir una espléndida escalinata que daba acceso a las estancias reales, entre las que destaca el salón del Trono con su extraordinario techo mudéjar de madera policromada y sobredorada con pan de oro, entre cuyas molduras se pueden ver los motivos heráldicos de los reyes: el yugo, las flechas y el nudo gordiano.
Para terminar, pasamos al edificio de moderna construcción que alberga las Cortes de Aragón desde el año 1987 y cuya puerta principal se sitúa en el patio de entrada, frente a la portada de San Martín.
Fue una mañana muy provechosa en la que pudimos recordar episodios importantes de la historia de Aragón y en concreto de nuestra ciudad, y admirar la belleza de ese magnífico palacio al que el rey musulmán le llamó “Mi alegría” y que hoy es un lugar relevante por acoger a la institución que representa a todos los aragoneses.